Memorias de un cometa espectacular: McNaught



Por estos días se cumplen 11 años de su perihelio (punto más cercano al Sol) y perigeo (punto más cercano a la Tierra)

Por Claudia C. Pérez Ferrer 
Directora de Achernar

¿Quién no recuerda el espectacular paso del Gran cometa del 2007? Familiarmente, el
“McNaught”.

Espectacular por dónde se lo mirara, indudablemente, quedará en la historia de la astronomía y grabado en la mente de todos quienes lo observamos y disfrutamos.

Dado su órbita, que lo trajo “desde arriba” del Sistema Solar para pegar la vuelta al Sol por los cielos del Sur para luego continuar su órbita nuevamente “ascendente”, leíamos los comentarios de los aficionados y reportes de profesionales que lo observaban incluso a plena luz del día, y aguardábamos ansiosos -y temerosos- su perihelio del día 12 de enero para comenzar a observarlo desde las latitudes sur.

¿Por qué el temor?
Porque los cometas, algunas veces, por no decir muchas, al acercarse al Sol en su perihelio, no resisten los cambios de temperatura y se fragmentan, llegando incluso, a desintegrarse y ¡no queríamos eso!

Por suerte el cometa sobrevivió a su paso cercano al Sol, y ya en el atardecer del día siguiente, con extremo, muchísimo, cuidado y la ayuda de unos viejos prismáticos, pudimos observarlo a muy escasa distancia visual del Sol durante el ocaso.

¡Qué inmensa alegría!
Recuerdo que tuve que ir hasta la calle de la esquina de mi casa y desde allí, prácticamente el medio de la calle para esquivar las copas de los árboles, pude verlo.

Había algunas nubes finas, las que no empañaron el espectáculo ni mi incredulidad.

Desde ya, que al día siguiente, nuevamente estaba yo firme, casi en medio de la calle con mis prismáticos viendo al cometa y notando cómo iba desarrollando su “cola” a comparación del día anterior y alcanzaba su máximo brillo, el que llegó a magnitud -6 el día 14, por lo que se distinguía perfectamente a simple vista.


(Foto: Cometa C/2006 P1 McNaught, por Swifts Creek, Victoria, Australia)

El entusiasmo, comentarios, intercambio de información, relatos y descripciones iba en aumento en los grupos y foros de astronomía, aunque algunos melancólicos decían que el “Ikeya-Seky fue mejor porque la cola era más larga” (1965) o el West (1976) “que lo veían de día”.
A pocos nos importó eso. Éste, lo estábamos viendo aquí, hoy, ahora… y tuvo una magnitud que ninguno de los otros alcanzó.

El cometa, día a día, se fue desplazando hacia el Sur (izquierda según nuestra visión y perspectiva) por lo que tuve que cambiar el punto de observación e ir hacia la calle de detrás de mi casa, ya que desde allí bajan los terrenos justamente hacia el Sur, lo que me dejaba el horizonte despejado y el cometa lucía cada vez una cola más extensa, (llegó a los 30º de longitud) que se ensanchaba producto de la presión del viento y radiación solar, a la vez que se marcaban “líneas”.

Parecía un decorado o parte de una pintura “colgado” sobre las copas de los árboles…

Demás está decir, que invité y llevé a toda mi familia a observarlo. Creo que hasta algún perro me acompañó a las observaciones. Hubo un par de notas en los medios tratando de que la gente lo observase en el difícil momento de dispersión mental de las “vacaciones de verano” ¡No queríamos que se lo perdiesen!


Toda tarde que estuviese despejada, iba a mirarlo
Me maravillaba verlo. Incrédula de haber tenido al oportunidad de observar algo así, disfrutaba viendo las tonalidades doradas que tomaba al ir bajando en el horizonte con la puesta de Sol.

Solían acompañarme algunas de mis, por entonces, pequeñas sobrinas y armábamos competencias a ver quién lo veía primero en el aún claro cielo, ya que diariamente iba desplazándose.

Llegó un momento, en que se veía desde una estratégica y alta ventana de mi casa, por lo que luego de observarlo fuera… lo espiaba desde dentro.

Aunque cueste creerlo, no pude tomarle ni una fotografía ya que no tenia cámara, pero sus imágenes han quedado grabadas para siempre, junto a los sonidos, aromas y anécdotas, de este “Gran Cometa del 2007” el McNaught 2006 P1…

(Foto: David Marsán Porras)