Observación del Aficionado




La Astronomía debe su existencia a las personas que a lo largo de la Historia, por pasión y por curiosidad, han levantado los ojos y mirado al cielo. Un primer enfoque de esta disciplina, abordada por el lado práctico llevando una mirada hacia esta bóveda celeste, rápidamente descubre la magnificencia de sus objetos. Este descubrimiento comienza por una simple observación a ojo desnudo que revelará las bases de esta ciencia, así como una mejor comprensión del espacio que rodea la Tierra, y se puede prolongar, para los más apasionados, con la utilización de instrumentos astronómicos, a veces muy poderosos, que permitirán estudiar.


El Sol
Su observación, debe llevarse a cabo siguiendo las más estrictas medidas de seguridad. La quemadura de retina no duele, pero es absolutamente irreversible. Es, por lo tanto, necesario utilizar filtros, de los cuales existen dos tipos: el filtro solar, sumado a la parte de atrás del ocular, por lo general se vende con el telescopio. Su único uso no es adaptable porque es sometido a altas temperaturas que provocan que explote rápidamente. Su uso debe ser combinado con el "helioscopio de Herschel", que dispersa el calor. Este accesorio se vende generalmente en tiendas especializadas. El segundo modelo se sitúa en la parte delantera, y reduce el flujo luminoso antes de que entre al instrumento. Costlier es la solución más segura, bajo la condición de usar un filtro. Esta solución tiene doble ventaja: al estar fuera del sistema óptico, y por lo tanto a temperatura ambiente, no hay peligro de que se rompa por el calor. Por otro lado, al estar ubicado delante del telescopio, los defectos influyen menos en la calidad de la imagen que el primer tipo de filtro instalado en el objetivo, justo delante del ojo.

En todo caso, compruebe con cuidado la instalación antes de iniciar la observación del Sol. Nunca está demás poner una hoja de papel bajo el ocular para confirmar que el brillo no sea muy fuerte: sus ojos no tienen precio.


La Luna
Su observación a ojo desnudo permite un enfoque del único satélite natural de la Tierra y comprender mejor los cambios que le afectan. En su fase de Luna Llena puede aparecer espectacular, pero de otro modo no se hace muy interesante. De hecho, teniéndola desde la Tierra en línea paralela con el Sol, no es posible distinguir sombras en su superficie que nos permitan observar sus detalles.


Por esto, son preferibles los periodos antes o después de esta fase y concentrar la observación en la zona del límite entre el área iluminada y el área de sombra, donde los rayos brillan en la superficie y permiten una mejor visión de los cráteres. Nótese que también existen filtros para poner en el ocular para la observación de la Luna de modo de que no sea distorsionada por el brillo de la Luna Llena. A diferencia del Sol, no hay amenaza en la observación de la Luna. Su uso es, de todas maneras, recomendado porque filtra los rayos UV reflejados por la superficie lunar. Los filtros lunares no deben ser utilizados para la observación del Sol. Su resplandor proviene de la única reflexión de los rayos solares en su superficie; la Luna presentará el aspecto de una fina luna creciente visible al crepúsculo o al amanecer cuando se sitúe entre la Tierra y el Sol, un medio disco visible durante la mitad de la noche cuando está formando un ángulo de 90° respecto del Sol, y un disco completo presente toda la noche cuando esté en oposición al Sol. Un juego de trayectorias de rayos luminosos también llama la atención: en su primera fase creciente o su última fase menguante, cuando no es más que una luna creciente, se puede observar que su lado oscuro, en la penumbra, presenta un débil resplandor sobre toda su superficie que permite distinguir la forma del disco completo. Esto se debe a los rayos solares, reflejados una primera vez por la Tierra hacia el satélite, y después una segunda vez desde éste hacia nosotros. Este largo trayecto hace que nos llegue una débil cantidad de luz, pero suficiente para distinguirla.

Los mares 
Son las manchas oscuras sobre la superficie del astro, rastros de impactos de meteoritos gigantescos que han tenido lugar hace millones de años. Representan la sustancia basáltica de inmensos cráteres. De diferente composición y más oscura que el resto de la superficie, esta roca, por su extensión, da la impresión desde la Tierra de ver mares sobre la superficie del satélite, lo que ha dado su nombre a estas manchas. Los mapas lunares disponibles en numerosas tiendas especializadas permiten localizarlos y nombrarlos. 


Los eclipses
Siguiendo el mismo principio que los eclipses solares, los eclipses lunares sólo tienen lugar más que de noche cuando la Luna está en su fase llena y la Tierra está situada entre ésta y el Sol. Siendo el diámetro de la sombra de nuestro planeta mucho mayor que el de nuestro satélite, tienen lugar más frecuentemente y tienen el mismo aspecto sin importar la posición del observador sobre la Tierra. En el momento de la fase total, la Luna sigue estando visible y tiene un color anaranjado que se debe a los rayos solares desviados y teñidos por la atmósfera terrestre.

El halo lunar
Cuando ven un anillo alrededor de la Luna –un halo lunar- algunas personas piensan que están ante un fenómeno especial, pero no es así. A pesar de esto, son tan hermosos y tan poco vistos que podemos asombrar a nuestros amigos avisándoles que salgan al patio cuando aparezca uno. El anillo se forma cuando la luz de la Luna es refractada (se dobla) al pasar a través de cristales de hielo. Los anillos lunares sólo serán visibles si hay nubes suficientemente altas (léase frías, para que se formen los cristales de hielo) y delgadas. La forma típica hexagonal de un cristal de hielo desvía la luz de la Luna en un ángulo de 22 grados (el equivalente a dos puños cerrados con el brazo extendido), así que el anillo completo describe un diámetro de 44 grados desde nuestro punto de vista. Sólo se han visto anillos cuando la Luna está próxima a ser llena. La Luna debería ser capaz de producir un anillo en cualquiera de sus fases, pero tal vez son demasiado débiles para verse excepto cuando es Luna Llena].


Los planetas
Para distinguir un planeta de una estrella, hay que saber que las estrellas centellean y los planetas no, a causa de la distancia mucho mayor que nos separa de las primeras. Una vez que ha encontrado un planeta, nos es de interés saber de cuál se trata, y esto es, incluso a ojo desnudo, fácilmente realizable. En efecto, todos los planetas visibles tienen algunas características peculiares:

Mercurio 
Casi nunca es visible ya que se sitúa siempre muy cerca del Sol. Aun Asi se ven sus fases, y otros detalles, pero requiere de experencia y un buen instrumental, no necesariamente grande, mas bien con buena óptica.


Venus 
También llamada “la estrella del Pastor”, de aspecto blanquecino, es el planeta más brillante de todos y es visible al crepúsculo o al amanecer puesto que, como Mercurio, se trata de un planeta interior (cuya órbita está comprendida entre el Sol y la Tierra) y sigue al Sol en su órbita (su elongación máxima es de 28°). Nótese que su resplandor (su nivel luminoso, que se llama magnitud aparente) varía en función de sus fases (como en la Luna) así como de su distancia respecto a la Tierra.




Marte 
No es excepcionalmente brillante pero se reconoce por su resplandor rojizo. Un observador constante (en un periodo de varios días) observará fácilmente que éste da a veces media vuelta (retrógrada): esto se explica por el movimiento de la Tierra y de Marte y es un fenómeno que, para este cuerpo, tiene lugar aproximadamente cada dos años y dura en su totalidad aproximadamente dos meses. Afecta a todos los planetas exteriores.

Júpiter
Es de un resplandor amarillento. Se puede reconocer instantáneamente, aunque podemos confundirlo con Venus, : si se observa el equivalente de Venus en medio de la noche, es Júpiter.

Saturno
Es mucho menos brillante que Júpiter, aunque podemos observarlo con relativa facilidad.



La Vía Láctea
Está constituida de una agrupación más densa de estrellas respecto al resto del cielo y representa un sector de nuestra galaxia visto desde el interior. Instálese una noche en un lugar apartado de las grandes ciudades, lejos de la CONTAMINACION LUMINICA, y espere, relajado, observando la bóveda celeste. Observar la multitud de estrellas que constituyen la Vía Láctea es uno de los mayores espectáculos del firmamento. En verano verá una gigantesca franja lechosa e irregular que atraviesa la bóveda celeste, aspecto que le ha valido su nombre desde la Grecia Antigua.





Las constelaciones
No son objetos celestes propiamente dichos ya que constituyen una agrupación arbitraria de estrellas para formar una figura, en general animal o mitológica. La nomenclatura de las constelaciones y las estrellas del Hemisferio Norte data de la Antigua Grecia. Los mapas disponibles en las tiendas dan, en función del día del año y de la hora de observación, una vista completa y orientada de las constelaciones visibles en ese momento. La iniciación a la astronomía pasa también por esta etapa y permite más tarde orientarse fácilmente en medio de todas las estrellas y localizar rápidamente el Norte celeste (la Estrella Polar), la galaxia de Andrómeda o la estrella más luminosa del cielo (Sirio, del Can Mayor), por ejemplo.



Las estrellas fugaces
Prolongando su observación observará puntos luminosos continuos que dejan una estela que atraviesa rápidamente el cielo: las estrellas fugaces. Son meteoritos que a menudo no pesan más de un gramo pero que entran en combustión calentándose por frotamiento en el momento de su penetración en la atmósfera terrestre, más densa. Se pueden ver varias decenas en una noche. Ciertas noches son particularmente favorables a su observación puesto que la Tierra, en su órbita, atraviesa regularmente nubes de meteoritos.


Se pueden ver otros muchos fenómenos a ojo desnudo, como los cometas, interesantes y a veces magníficos como el cometa 1P/Halley, visto en 1910 y en 1986. y El Gran cometa del 2007 que se observó a simple vista y con gran tamaño incluso en las ciudades mas contaminadas del mundo.

Consejos para la observación nocturna
Exceptuando la observación de la Luna, que acepta prácticamente cualquier condición, el primer consejo es situarse en un lugar alejado de toda fuente importante de luz para observar todos estos fenómenos: evite la ciudad, donde se sitúan las luces que merman la observación y en la cual la contaminación crea un “velo” opaco en el que se reflejan las luces. Para apreciar la ventaja que ofrece la noche, aléjese de las grandes aglomeraciones urbanas con el fin de obtener un cielo lo más oscuro posible. Por la misma razón, evite las noches de luna, sobre todo cuando está prácticamente llena puesto que su intensa claridad perjudica fuertemente la observación. Sabiendo que el ojo requiere un tiempo de adaptación a la oscuridad (aproximadamente de 15 a 30 minutos) para desarrollar sus plenas capacidades en estas condiciones, un rayo luminoso intenso (faro de coche, linterna…) “destruye” este hábito y reduce fuertemente sus capacidades, incluso con la fuente luminosa ya apagada, y esto, de nuevo durante unos 15 minutos. Para evitarlo, ponga una banda adhesiva opaca, preferentemente roja, sobre la linterna, que no dará entonces más que la cantidad de luz estrictamente necesaria para permitir la lectura de un mapa celeste, por ejemplo.
Observar el cielo requiere espacio y por eso se recomienda elegir un lugar abierto que proporcione un campo de visión lo más amplio posible. Un ejemplo puede ser la montaña, que presenta también la ventaja de tener un aire más puro.


Finalmente, para su comodidad, las noches en el campo pueden ser frías y húmedas, por lo que es bienvenida la ropa de abrigo, así como las sillas de camping plegables que garantizan una buena posición prolongada retardando la aparición del cansancio.


Observación con prismáticos (binoculares)
Los prismáticos son muy útiles cuando se desea observar objetos astronómicos grandes y brillantes. Gracias a ellos nos es posible distinguir la forma de los cráteres lunares. Pero sobre todo, y a pesar de la distancia que nos separa de la Luna, se puede observar el relieve de estos cráteres a lo largo del terminador, la línea de separación entre la parte iluminada y la parte oscura de la Luna. La impresión de relieve la producen los juegos de sombra y de luz en esta zona de la Luna donde la luz del Sol se refleja en un ángulo rasante. Este espectáculo, por su sencillez de observación, constituye una buena introducción a la observación de los astros.



Los prismáticos son muy prácticos para la observación de objetos difusos como las nebulosas y algunos pasos de cometas. La razón se debe a su naturaleza misma: los prismáticos no aumentan demasiado las imágenes, pero sin embargo ganan en luminosidad. Los objetos extensos se pueden ver en su totalidad gracias a su amplio campo visual (lo que puede no ser el caso de un telescopio), con una claridad y un contraste mucho más elevado que a ojo desnudo.

La nebulosa de Orión es sin duda una de las más luminosas y fáciles de localizar. Se sitúa en la constelación de Orión, una constelación bien visible en invierno, bastante grande y muy fácilmente identificable debido a su forma rectangular y a las tres estrellas que forman el “cinturón de Orión”. Se puede observar igualmente el montón de los Pléyades, un cúmulo estelar abierto compuesto de una quincena de estrellas y que podemos localizar prolongando una de las diagonales del rectángulo de Orión hacia el noroeste, encontrándose los Pléyades cerca de este eje.
Con experiencia, y con la condición de que los prismáticos estén bien estabilizados y con unas excepcionales condiciones atmosféricas, los observadores dotados de una buena visión podrán distinguir los cuatro satélites galileanos de Júpiter, incluso con unos simples 8 x 35. Sus características están determinadas por dos números: el primero indica los aumentos, el segundo el diámetro de las lentes de delante, o abertura. Un observador de astros le podrían convenir más unos de 10x50.


Consejos sobre técnicas de observación
Es muy recomendable fijar el prismático a un trípode (uno de fotografía, por ejemplo) para afirmarlo, asegurar una observación cómoda y ayudar al observador a no perder el campo del objeto. Algunos modelos de prismáticos vienen equipados con un gancho para trípode para fijarlo fácilmente, pero un poco de cinta adhesiva hace el trabajo en un segundo. Ajuste los prismáticos para obtener la mejor imagen posible enfocando y ajustando la distancia entre los oculares para que se ajusten a sus propios ojos. Si usted usa anteojos para el astigmatismo, probablemente querrá dejárselos puestos. Si no es así, debería poder enfocar bien los prismáticos sin necesidad de usar sus anteojos.


NUNCA intente observar el Sol con prismáticos. Existen filtros solares especiales para binoculares, pero son difíciles de encontrar. En observación directa, el poder de la luz concentrada quemaría sus ojos irreparablemente. Un ejemplo similar a lo que ocurre sería prender un fuego con una lupa en un papel o en un trozo de madera.


Muchos tienen como impulsó comprar un telescopio. Pero la idea de iniciarse es de usar un sencillo instrumental, de bajo aumento, y que nos ayuden a conocer los objetos del cielo a ubicar los débiles objetos celestes en el firmamento. Por eso el mejor instrumental para iniciarse son los prismáticos. Son envidiables por su bajo aumento y gran abertura, su fácil transporte, incluso muchos astrónomos avanzados lo siguen usando por su calidad para ver el cielo.


Ventajas de los Prismáticos

Sus imágenes no están invertidas, como si lo están en los telescopios. Otra ventaja es que se utilizan los dos ojos, por lo cual, la sensación de comodidad visual, mas campo, hacen de los prismáticos, envidiables instrumentos

Los mejores prismáticos para Astronomía

Los recomendables, son los prismáticos 7X50 o unos 10X50. Son los que se encuentran en las ópticas o casas especializadas. Pero la gama de prismáticos siguen como los 16X60, 20X70, 20X80, pero son lógicamente más caros y muchos de los buenos modelos no se encuentran en todas las casas de ventas. Tal vez se pregunte: yo tengo unos prismáticos mas chicos, tal vez 6X30 7X35… en fin me sirven?

El principio de los prismáticos (valido lógicamente para los telescopios) es que, cuanto más abertura tenga, mas capacidad de recoger luz tendrá, y en la astronomía, es crucial la abertura, muchas veces, más que el aumento. Por ende, usted si tiene esa clase de prismáticos, olvide observar el cielo con ellos, salvo la luna que es brillante. Estas clases e prismáticos tienen imágenes muy oscuras y pobres para usar en Astronomía.


Calidad y marcas de los Prismáticos.

No todos los prismáticos son buenos, algunos muy buenos, otros buenos, y muchos muy malos. Incluso las mejores marcas tienen series de prismáticos de muy buena calidad, buenos, y malos. Como ejemplo unos MEADE 10X50 que me brindan muy buena calidad, a igual que muchas ediciones de celestron, y muchos otros. Hay que descartar sin duda los prismáticos de juguetes que hay en el mercado, son vistosos grandes, pero muestran una imagen realmente mala, muy mala. Haga la prueba de mirar a través de uno de estos juguetes, y luego vea a través de unos “buenos” prismáticos que se venden en las casas especializadas… la calidad es majestuosa.  Los prismáticos se clasifican según sus aumentos y según los diámetros de sus objetivos, así 7X50 indica que los aumentos son 7 y que los objetivos miden 50 milímetros de diámetro, unos de 12X50 dan 12 aumentos con objetivos de 50 milímetros de diámetro, y así sucesivamente. Y, al iniciarse, es muy importante hacer una cuidadosa elección del tipo de prismáticos que se desea adquirir. Al igual que ocurre con los telescopios, a mayor abertura mayor captación de luz, aunque esto también tiene sus inconvenientes. Al aumentar la potencia también se disminuye el campo de visión, y al aumentar la abertura, los prismáticos pesan más. Si usted sólo quiere comprar unos prismáticos, yo le recomendaría unos de 7X50: tienen un número de aumentos adecuado, un campo de visión suficientemente amplio y son lo suficientemente ligeros como para sujetarlos sin temblores excesivos. Como yo tengo varios pares de prismáticos, me parece oportuno describirlos a continuación, aunque naturalmente, hay toda una gama de tamaños.

3X20. Son muy ligeros, se pueden llevar a todas partes y son, desde luego, totalmente útiles, aunque sus pocos aumentos suponen una gran limitación: si no los encuentra muy baratos, yo no se los recomiendo.


7X50. Para observaciones generales, la mejor opción. Por ejemplo, pueden darle bastantes detalles de la Luna e innumerables y soberbias agrupaciones de estrellas. Resultan ideales para estudiar algunos objetos estelares, tales como los cúmulos dispersos, gracias a su relativamente amplio campo de visión.


8X50. Son también muy adecuados. La captación de luz está proporcionada a los aumentos y son prismáticos que todavía pueden sujetarse sin excesivos temblores. La mayor potencia supone que se pueden ver mayores detalles, pero también se reduce notablemente el campo de visión. 


11X80. Estos son muy buenos, tienen un campo de visión razonablemente amplio y buena luminosidad, aunque son demasiado pesados como para sujetarlos sólo con las manos.


12X40. Con esta apertura más pequeña y con un mayor número de aumentos, las imágenes no son tan brillantes como en los anteriores y el campo de visión es más reducido. En cambio, esta menor luminosidad no es inconveniente para la mayoría de las observaciones. La única, y auténtica, dificultad es que el reducido campo de visión obliga a mantener los prismáticos muy bien sujetos. apoye los codos contra el cuerpo: suele dar buen resultado, pero es posible que muchos opinen que más vale pensar en un soporte algo más sólido.


20X70. Los prismáticos con esta apertura cuestan un buen dinero. Es muy difícil sostenerlos con las manos, lo cual supone que siempre hay que llevar un soporte que, además, tiene que ser más sólido que un simple trípode para cámara fotográfica, porque los prismáticos son de bastante peso. Sin embargo, una vez montados, dan excelentes resultados. La Luna puede observarse con mucho detalle y también pueden verse las fases de Venus, mientras que de los objetos estelares pueden obtenerse imágenes sorprendentes. En el lado malo hay que considerar que el campo de visión se ha reducido tanto que resulta incómodo, con lo que no es fácil dirigir los prismáticos hacia el objetivo deseado.. Desde luego, no

recomiendo adquirir unos prismáticos de unos 20 aumentos, a menos que se quieran llevar a cabo observaciones serias y especializadas. En la mayoría de los comercios de fotografía pueden adquirirse soportes para binoculares que se pueden montar sobre el trípode de una cámara fotográfica. Esto suele dar un resultado suficientemente satisfactorio, aunque es aconsejable colocar el trípode sobre una plataforma o mesa bien sólida, porque si no, tendrá usted que retorcerse como un contorsionista cuando mire un objeto que se encuentre muy arriba (lo cual, dicho sea de paso, ocurre también con los telescopios refractores pequeños).


Construir un soporte para unos prismáticos no pasa de ser una sencilla cuestión de carpintería: a menos que se sea algo mañoso se puede hacer uno un soporte en un abrir y cerrar de ojos, cosa posible incluso para alguien tan torpe como yo. Lo más importante, lo repito, es la solidez. Lo que buscamos es poder mover los prismáticos libremente en cualquier dirección, tanto en altitud como en azimut. Para instrumentos de más de 12 aumentos, el soporte es altamente recomendable. Desde hace poco, es posible adquirir soportes de binoculares que tienen forma de arnés para ser sujetados al pecho del observador.